miércoles, 1 de agosto de 2018

Surcando notas de un artilugio llamado "videojuego"


Ayer por la noche navegábamos rumbo al norte. Mi segundo de a bordo iba al timón mientras disfrutábamos tranquilamente del viaje. A mis oídos llegó una melodía. Una melodía que hablaba de un lugar llamado Zanarkand, y de los sucesos que allí acontecieron...

Y empecé a divagar. Cuando el tiempo está tranquilo y el barco se mece entre las nubes es más fácil que la mente se pierda en pensamientos. Mis pensamientos me llevaron de vuelta a aquella Zanarkand y a la historia que contaba su melodía. Me pregunté cómo era posible que unas notas sin letra pudieran contar tantas cosas, remover tantos sentimientos... 

El silencio me invadía, la música seguía su curso. Podía oír el ruido del timón. Sonaba lejano, a muchas millas de distancia; por un momento temí haberme caído del barco. Otra melodía me devolvió a mis pensamientos, esta vez era el Journey de un segundo Destiny.

Y entonces la Música me contó su secreto.

Empezó como todos: siendo un simple grumetillo a bordo de aquel artilugio llamado "videojuego". Ella recuerda que sus primeras órdenes eran algo raras. A veces tenía que hacer una especie de "pong" cuando se golpeara una pelota; otras acompañaba los disparos de dos personajes en un Gunfight.

A pesar de no entender muy bien estas misiones, las cumplió a la perfección. Con el paso de los años consiguió ascender y ganar algunos chips, lo que le valió poder cumplir órdenes con efectos de sonido inimaginables hasta ese momento. 

Pero fue el descubrimiento de la Isla de los 16bits lo que le valió un lugar destacado no solo en aquel artilugio llamado "videojuego", sino también en la historia de ese artilugio. En aquella isla Música encontró muchos tesoros. Como las notas de la Leyenda que hablaba de una princesa (me susurró que se llamaba Zelda); como la partitura de una Fantasía Final que aún no ha terminado.

Música me contó que fue en aquella isla donde realmente empezó a sentirse viva. Marcó un antes y un después en su carrera, y desde entonces solo ha vivido ascenso tras ascenso hasta convertirse en una de las capitanas de ese artilugio llamado "videojuego". 

Ella se entrega apasionadamente a todos aquellos que le escriben partituras. Sabe que hace mucho que dejó de ser una mera acompañante, que ya no es solo un adorno en una pantalla. Sabe que esperamos, que anhelamos que Ella y su escala de grumetillos nos destrocen o nos inspiren, nos eleven o nos entristezcan. Se sabe protagonista de este artilugio llamado "videojuego". Por eso se ha puesto al servicio (esperen... ¿O era al revés?) de capitanes del sonido como Nobuo Uematsu, Yasunori Mitsuda, Michael Land o Jeremy Soule, entre muchos otros...

Por un momento me sentí tan extasiada por la historia que me estaba contando Música que no fui consciente de que ya había dejado de hablar. El eco de su melodía se entremezcló con la voz de una tal Lelianna, que quería ser ella quien me contara ahora su historia, una que hablaba de una época de dragones...

Greetings from the coffin,
Arrrrr!


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