22.5.17

La Edad de la Belleza

unca entenderé ese rechazo a la belleza surcada de un rostro anciano. Como tampoco he entendido nunca ese afán por ocultar los signos de la edad. Como tampoco he podido entender nunca por qué a las mujeres no se nos debe preguntar por nuestra edad. ¿Está mal visto tener la misma edad o incluso más que el hombre que nos pregunta? ¿No podemos sentirnos orgullosas del paso de la vida por nuestra piel? ¿Hemos de conservarnos jóvenes hasta la muerte para ser aceptadas?

Siempre he pensado que la vida es el mejor maquillaje que se planta sobre nuestro rostro, que la belleza más viva es la que ganamos con el paso del tiempo. Por eso siempre me he sentido más ligada a las figuras ancianas, no solo en la ficción, sino también en las leyendas y, por supuesto, en la mitología. Los dioses ancianos son siempre con los que mejor relación tengo, e incluso venero a la Diosa en su rostro de anciana con auténtica pasión, mientras que sus otros rostros apenas me transmiten alguna sensación.

Es más, hubo una mujer anciana que me cautivó. Ella era menuda, delgadita, muy poquita cosa a decir verdad, con el largo pelo blanco recogido en una coleta sin apretar. Llevaba un vestido sencillo, el típico que suelen llevar las mujeres ancianas más sencillas, de colores azul oscuro y rosa. Parecía una nota discordante en aquel cruce entre José del Hierro y Misterios. Solo una calle nos separaba. Y sin embargo, ella decidió mirar hacia donde estaba yo, y yo miré hacia donde estaba ella. Y no pude despegar mis ojos de ella hasta que crucé, dejé de mirarla para saber dónde iba a poner mis pies, y cuando levanté la mirada para buscarla, había desaparecido. 

Nunca supe cómo la había podido perder de vista, y nunca más he vuelto a cruzármela. Pero su recuerdo sigue en mi. "¿Y por qué?" podrán preguntarse ustedes, "¿qué tenía de especial aquella mujer anciana tan sencilla para que me dejara esta marca?". Mi respuesta es sencilla y a la vez, difícil de explicar. No solo vi a una mujer...

Sentí en ella a la Diosa.

De repente, ese cruce dejó de ser un simple cruce de calles y se convirtió en una experiencia mágica; el calor del verano desapareció, y en su lugar noté la calidez del abrazo de la Diosa; y mis ojos no pudieron dejar de bañarse en la sabiduría que emanaba aquella pequeña mujer. 

Este es uno de los recuerdos más bonitos que tengo y hoy quería compartirlo con ustedes. Hoy que es unos de estos días en los que nos obligan a aparentar tantas cosas (o lo intentan), y la juventud es una de ellas.

Gracias por leer,
greetings from the coffin

2 comentarios:

  1. algún día conseguiré escribir una entrada en mi blog que suene seria, como tú... ;^; me refiero a que me gusta como escribes~

    si que es verdad el drama que hay con lo de cumplir años, las arrugas y demás, a mi las arrugas me dan igual, eso quiere decir que no soy un robot y tengo expresiones, sonrío, lloro, me preocupo... ser humano, vamos
    aunque lo del maquillaje tampoco me parece mal porque cada cual lo usa porque quiere (en mi caso, cuando los granitos deciden venir todos de golpe por la regla)

    eso de la Diosa no te voy a mentir pero no lo entiendo muy bien, aunque tiene que ser bonito encontrar ese tipo de sensación
    bye~~

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    1. Jajaja ¡Muchas gracias por tus palabras! Me alegro de que te guste cómo escribo ^^

      ¡Ay! Si ha sonado que estoy totalmente en contra del maquillaje, no es así para nada. Cada uno es libre de pintarse la cara como quiera, al fin y al cabo es otra forma de arte. Lo que sí te digo es que me entristece que sea para parecer más joven y renunciar a su edad natural...

      Y lo de la Diosa, no sabría cómo explicártelo. Fue ver a esa mujer, y sentirla como si no fuera humana, como si fuera la Diosa personificada, como si no pudiera decirte si fue real, tangible o no...

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